Info General

RECUERDOS DEL MADRYNAZO POR PATRICIO CASTILLO MEISEN

 

Se recuerda el 10 de septiembre un nuevo aniversario del “Madrynazo” esa magnífica y espontánea movilización popular de repudio a las naves norteamericanas que amarraron en el Muelle Storni de nuestra ciudad y las obligó a soltar las amarras y desistir de abastecerse de víveres en nuestra ciudad.
Otra vez surge la necesidad de replantearse ese momento histórico para nuestra ciudad, bautizado así por el periódico “El Periodista de Buenos Aires”, colosal publicación de Andrés Cascioli y colocado junto con otros movimientos populares de lucha que signaron el destino de varios gobiernos dictatoriales, como el Cordobazo, el Vivorazo, el Rosariazo y el más cercano, el Trelewazo.
Se vivía en esos años la primavera democrática de la mano de Raúl Alfonsín, hoy reconocido por unanimidad como el padre de la democracia que, sin embargo, apenas transcurridos 8 meses de su mandato, no pudo, no quiso o no supo medir lo desacertado de autorizar a las naves de los EEUU a reabastecerse y desembarcar en Puerto Madryn. Debe destacarse que en ese momento nuestro país no fue parte del operativo UNITAS, recién volvió a realizar prácticas con la marina norteamericana en el año 1998, bajo la presidencia justicialista de Carlos Menem y sus relaciones carnales con los norteamericanos. Tal vez la necesidad de establecer nuevos vínculos con el gobierno norteamericano favoreció este gesto diplomático del gobierno del Dr. Raúl Alfonsín, que pagó tan caro al afectar los sentimientos de los vecinos de la ciudad que apenas dos años atrás había despedido los soldados cuando partieron hacia las Islas Malvinas y luego los recibió como veteranos de guerra, cuando los devolvieron hambreados y heridos.
También es justo recordar que en el año 1981 atracaron en Madryn los mismos buques del Operativo UNITAS y los diarios titularon “UNITAS XXII DESCANSA EN MADRYN” y la banda musical norteamericana hizo desbordar de espectadores a los gimnasios municipales de Trelew y Madryn al son de las marchas militares, en una sociedad que suele tener conductas pendulares.
En el comienzo del ciclo lectivo del año 1984, luego de la recuperación de la democracia, un grupo de estudiantes habíamos formado en la Escuela nacional de Comercio ( hoy Escuela 750 “Leandro N. Alem”) el primer Centro de Estudiantes de la ciudad que me tocó presidir. Allí participamos desde diferentes ideologías, con el objetivo de defender nuestros derechos como estudiantes, no siempre reconocidos, como lo demuestra la lucha actual por el boleto estudiantil que realizan los estudiantes, como lo hicieron aquellos que durante el proceso militar fueron torturados y secuestrados en lo que se llamó “La noche de los lápices”.
En 1982, apenas dos años antes, Madryn y la mayor parte de la Patagonia había vivido la guerra de Malvinas como pocos. Teníamos por las noches la ciudad oscura, simulacros de alerta rojo y una tensión constante. Muchos de nosotros siendo estudiantes de los primeros años de la Escuela secundaria, concurrimos a la calle a recibir a los ex combatientes de Malvinas y antes de partir los acompañamos en su estadía en las “gamelas” de Aluar, mientras esperaban el traslado a las Islas Malvinas. Por acá llegaron al continente más de 4.000 soldados a bordo del Buque Canberra, acá, en Madryn, los vimos con las primeras secuelas de la guerra: tristeza, bronca, impotencia, hambre, frío y también desconcierto al recibir como ex combatientes mejor trato del enemigo que de sus propios superiores. Los alojaron en la Barraca Lahusen y les prohibieron todo contacto con el pueblo; sin embargo, nadie permaneció indiferente, cada casa abrió sus puertas sin pedir nada a cambio y nuestros soldados retribuyeron a las familias de Madryn con lo poco que tenían: cascos, gorros, abrigos, guantes, quedaron en la ciudad como tesoros de la guerra. Hoy muchos recuerdan el cálido recibimiento que le dimos los madrynenses.
Con el antecedente de Malvinas tan cercano, conociendo la alianza desde siempre entre británicos y norteamericanos y la ayuda esencial que le dieron los yankees en Malvinas, la noticia de la visita de naves norteamericanas conmocionó a todo el pueblo. Fueron tres días de una movilización constante: trabajadores, estudiantes, partidos políticos, familias enteras. El Concejo Deliberante en sesión permanente y toda la comunidad en estado de alerta. En la historia de la ciudad, jamás había ocurrido una situación similar. El 10 de septiembre una de las naves de la flota amarró en el Muelle Storni. Auto convocados, hasta allá partimos más de 6000 personas, casi un cuarto de la población. Tal como si hoy 25.000 personas se movilizaran en la ciudad. Algo imposible de imaginar, salvo cuando se conmueve al pueblo en lo más íntimo. Los estudiantes creíamos que los sueños no eran imposibles que, participando, la sociedad podía cambiar y que en democracia teníamos el futuro en nuestras manos. La política no era una mala palabra. Se participaba a través de los partidos políticos para cambiar las cosas en beneficio de todos y no buscando la salvación personal. También creímos firmemente que íbamos a echar a los yankees de Puerto Madryn. Si, “Yankees go Home”.
Lo que ocurrió en el Muelle Storni ya se sabe y permanece como recuerdo imborrable: la quema de la bandera norteamericana, el muelle repleto de gente cantando consignas anti imperialistas y nuestro Himno nacional. Desde el buque reaccionaron arrojando agua a la multitud, los obreros marítimos le soltaron las amarras y partieron. Después las naves se reabastecieron en Bahía Cracker, pero en Madryn no lo permitimos. Acá no.
Entre tanto dolor por la pérdida de las Malvinas y con todo el fervor de la incipiente democracia, esa actitud del pueblo de Madryn y sus dirigentes fue una gran victoria. Entre estos últimos, nunca deberá olvidarse la activa participación que tuvo en estas circunstancias el Dr. Aurelio Torres, Concejal por el peronismo que renunció al poco tiempo por tener serias diferencias con el Intendente Ing. Osvaldo Sala. Aurelio “Lauchín” Torres fue además primer presidente de la Asociación de Abogados de Puerto Madryn y abogado de los trabajadores.
Recién a partir del año 2007 y por la insistencia permanente de unos pocos activistas y militantes entre los que se encuentra nuestro vecino Claudio D Ermo, que jamás dejaron de recordarlo año tras año en el Muelle “Storni”, al pie de un monolito que por esas causalidades del destino ya no existe más, una ordenanza proyectada por la concejal Andrea Eleonor Romero instituyó cada 10 de septiembre como el día del Madrynazo, por la identidad y memoria colectiva. No menos importante fue el trabajo de investigación de la Prof. Mónica Durán que culminó en el libro “El Madrynazo. Desmalvinización y Memoria Colectiva”, obra imprescindible para comprender y conocer las circunstancias de esta pueblada.
Nuestros representantes del Concejo Deliberante tuvieron una reacción tardía a los reclamos de la sociedad: debimos esperar 23 años para que el cuerpo que representa a los madrynenses establezca una adecuada conmemoración de esta gesta. No fue el único caso, porque también el recibimiento a los ex combatientes ocurrido el día 19 de Junio de 1982, conocido por todos como “el día en que Puerto Madryn se quedó sin pan” tuvo su larga espera durante 34 años, hasta que un grupo de vecinos integrantes del Frach Ucr Madryn (German Martinelli, Sergio Mucznik, Fabio Sainz, entre otros) hicieron una propuesta y se dignaron formalizar el recordatorio en los actos oficiales, que nunca estuvo ausente de la memoria colectiva.
Al menos en septiembre de 1984, Juan Carlos Tolosa (que presidía el Concejo Deliberante local) reconoció: “nosotros, los concejales, no tomamos la iniciativa ni pedimos la movilización… sólo hicimos lo que la gente nos pedía” (Revista El Periodista de Buenos Aires). Hoy nuestros representantes están en deuda con la historia hasta tanto declaren como parte del patrimonio histórico de la ciudad a ex Barraca Lahusen y promuevan las medidas de protección eficaces para que el espacio que albergó a los veteranos de Malvinas se conserve y pueda continuar recibiendo en el presente y en un futuro a quienes regresan a la ciudad para encontrarse con las familias que los recibieron y buscan poder cerrar las heridas de la guerra.
Después del Madrynazo muchas cosas han cambiado en nuestra sociedad y buscamos siempre abrevar en este hito de nuestra historia para reconocer de qué fuimos capaces los madrynenses cuando se afecta nuestra dignidad como pueblo. Sin embargo, no alcanza con quedarse en la conmemoración misma, en la añoranza, es la oportunidad de reflexionar sobre nuestra ciudad y sus partidos políticos degradados, advertir lo que hoy no somos y reconocer lo que fuimos.
Tuvimos en ese entonces partidos políticos capaces de generar ideas y propuestas, donde la juventud canalizaba naturalmente sus inquietudes políticas, pero hoy muchos de los partidos políticos que convocaban a la movilización en una multisectorial ya no existen, otros se han reducido a un sello partidario de comité y el que pareciera ejercer el monopolio del poder provincial y local, por intermedio de cualesquiera de sus facciones, ha traicionado sus verdades, sus inicios de movimiento popular, con dirigentes que entregaron nuestros recursos naturales a empresas británicas como la British Petroleum, mediante contratos espurios, viciados de nulidad, donde la empresa reconoció haber pagado sobornos.
Este es nuestro presente, 33 años atrás sucedió en la historia de nuestra ciudad una gesta que nos hizo ver que nuestro futuro podía ser distinto.
No estamos viviendo precisamente los mejores tiempos de Puerto Madryn, una ciudad que es nuestra, como las deudas públicas que nos imponen, pero con un presente plagado de desaciertos que nos lleva a un destino que no nos pertenece.
Sin embargo, ese sentimiento de unidad que tuvo el Madrynazo, ese grito común por la dignidad, se vuelve esperanza para los jóvenes. Los debates en el ámbito escolar, en sus centros de estudiantes, reemplazan hoy a los que debieran darse en los partidos políticos. Hemos vivido años de falsos relatos del pasado, de demagogia política, un Estado al margen de la Ley y debemos despertar a una sociedad adormecida. La tarea no es sencilla, pero cuando las fuerzas flaquean, podemos mirar al pasado y recoger el ejemplo de la lucha del Madrynazo. Es hora de cambiar nuestro futuro, el reclamo por la dignidad de los madrynenses no se ha agotado.
Como escribió Alfredo Zitarrosa en sus Diez Décimas para el Pueblo Argentino:
(…) hay olvidos que queman y hay memorias que engrandecen, cosas que no lo parecen, como el témpano flotante, por debajo son gigantes sumergidos, que estremecen.
Mi pueblo es un mar sereno bajo un cielo de tormenta: laten en su vida lenta los estrépitos del trueno. Pudo engendrar en su seno las montoneras de otrora y cuando llegue la hora, mañana, también podrá clavar a su voluntad mil estrellas en la aurora.
No hay cosa más sin apuro que un pueblo haciendo la historia. No lo seduce la gloria ni se imagina el futuro. Marcha con paso seguro, calculando cada paso y lo que parece atraso suele transformarse pronto en cosas que para el tonto son causa de su fracaso”. (…)
Patricio Castillo Meisen, 10 de septiembre de 2017.
Pensar Malvinas: El Madrynazo de Canal Encuentro https://www.youtube.com/watch?v=Bghrc4VnPao
Video de Florencia Martinelli El día que Madryn se quedó sin pan https://www.youtube.com/watch?v=sGnLjArwyzE

Share and Enjoy !