El conflicto en el sector pesquero, especialmente en aguas nacionales, comienza a generar consecuencias directas en tierra firme. Luis Núñez, Secretario General del Sindicato de Trabajadores de la Industria de la Alimentación, expresó su profunda preocupación por el impacto que la prolongada disputa en el mar podría tener en las plantas de procesamiento, particularmente en el sector que trabaja con langostino fresco.
“Lo que ocurre en el agua, más temprano que tarde, termina afectando a la planta”, señaló Núñez en diálogo con este medio. Si bien el conflicto involucra principalmente a los trabajadores marítimos —como capitanes, patrones y marineros— y al sector de buques congeladores que procesan su pesca a bordo, la falta de solución genera un riesgo latente para el resto de la cadena productiva.
“Nos preocupa porque ya hay trabajadores de temporada que no fueron convocados a trabajar por las empresas debido a esta situación. Algunas plantas optaron por procesar otras especies, como la merluza, pero otras directamente no están operando”, explicó.
Uno de los focos de tensión es la planta de la empresa Greciamar, en Puerto Madryn. Según denuncias de algunos trabajadores, la firma habría cesado sus operaciones locales y estaría enviando materia prima a plantas ubicadas en Trelew para su procesamiento. “Esto es algo que aún debemos corroborar con las autoridades laborales, pero de confirmarse, se trataría de una situación muy preocupante”, advirtió Núñez.
El dirigente sindical explicó que, si bien no hay una prohibición expresa sobre este tipo de prácticas, “el empleador tiene la obligación de dar trabajo a sus empleados si cuenta con materia prima. Derivar la producción a otra localidad en lugar de cumplir con esa obligación abre un debate necesario sobre la tercerización y el respeto por los derechos laborales”.
Desde el gremio siguen de cerca la evolución del conflicto y esperan una resolución que permita garantizar el trabajo para todos los sectores involucrados. Mientras tanto, la incertidumbre se hace sentir entre los trabajadores temporarios, que temen perder su fuente de ingresos ante un conflicto que ya lleva semanas sin solución.