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LUÍS PIEDRA BUENA, EL ESTRATEGA MÁS ALLÁ DEL BRONCE

Un artículo histórico donde se cruzan dos líneas de análisis histórico: una de historia ambiental, relativa a la explotación marítima y costera, y la otra, sobre la expansión estatal marítima en el marco de globalización e imposición de soberanía.

 

El historiador Julio Vezub y la historiadora Sofía Haller del Instituto Patagónico de Ciencias Sociales y Humanas (IPCSH) del CCT CONICET-CENPAT, publicaron en la revista científica Nuevos Mundos, Mundos Nuevos el trabajo “A la sombra de tal misterio: el Informe Piedra Buena al gobierno argentino de los recursos costeros de la Patagonia atlántica (1865)” donde rescatan la mirada estratégica del prócer de la historia marítima argentina describiendo las pesquerías del litoral atlántico y aportando una perspectiva económica soberana sobre la costa regional.

“Hay distintas preguntas que abordamos y exploramos en el trabajo: ¿Cómo era el mar patagónico hace dos siglos atrás? ¿Los paisajes eran los mismos? ¿Las comunidades de lobos y elefantes marinos se ubicaban en los mismos lugares? ¿Acaso era común vislumbrar barcos desde la costa? ¿Qué dominio podía ejercer una nación nueva, sin fuerzas navales propias capaces de defender las costas marítimas?”, detalla la doctora en historia, Sofía Haller.

En 1865, en un momento de incipiente expansión estatal hacia la Patagonia por parte del gobierno argentino, el marino patagónico Luis Piedra Buena elaboró un informe describiendo las pesquerías del litoral atlántico a la Oficina Estadística Nacional.

Piedra Buena detalló coordenadas de las roquerías de lobos marinos, como un elemento principal de la pesca regional.  Asimismo, mencionó las especies de peces y ballenas que podían encontrarse en la región. “Elaboró un estimado de pesca al que conceptuó como regular, a partir de la pesca de tres buques en los años 1861 y 1862, lo que nos brindó una idea de la capacidad de explotación y del impacto antropogénico que esta explotación histórica incidía en los paisajes patagónicos”, agrega la historiadora.

El análisis del informe Piedra Buena se trianguló con otra documentación relevante de la época, con información brindada por expertos en pesquerías del Centro para el Estudio de los Sistemas Marinos (CESIMAR) también del CENPAT, y una cartografía creada a partir de las coordenadas del propio Piedra Buena.

El informe Piedra Buena permite ver cómo la mirada estatal comienza a virar hacia el sur, pero no solo al interior del territorio sino a la extensión de la costa patagónica, para desentrañar la explotación de recursos faunísticos por parte de navíos extranjeros que permanecen “a la sombra de tal misterio”, en palabras del Juez de Paz de Patagones, sin posibilidades de fiscalización o normativa.

Piedra Buena, desde su papel de lobero, en ese momento previo a su nombramiento como oficial de la marina de guerra, operó como informante al gestar y brindar una inteligencia detallada, que incluyó una perspectiva económica soberana sobre la costa regional.

“Es notable considerar cómo las islas Malvinas aparecen en el informe, como un centro donde los marinos regionales llevaban sus productos, a cambio de chelines británicos, lo cual permite ahondar en la relación entre Patagones y Malvinas que en el siglo XIX contenía un gran componente comercial”, cierra Haller.

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