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“La oportunidad histórica para sembrar una semilla que termine con la corrupción”

Omar Rodríguez y la causa “Embrujo”

Tiene 50 años. Está casado y tiene dos hijas de 11 y 8 años. Se recibió de abogado en 2001. “Yo me fui a estudiar de grande”, dice. Llegó de Córdoba donde había trabajado en un estudio. Comenzó como asesor en el Ministerio de Economía, pero contratado. Y cuando se le venció se quedó sin trabajo. En 2004 salió un llamado a concurso para funcionario de la fiscalía. Como hacía falta gente en Comodoro trabajó un año en esa ciudad. Después rindió ante el Consejo de la Magistratura para ser fiscal. Fue en 2013. Actualmente es el jefe de la Unidad Especial Fiscal (UFE) que investiga delitos relacionados con la administración pública.

Fue el jefe en la investigación en la causa “Embrujo”. La intimidad de la investigación, la impunidad de los investigados. Sin casa propia y un auto aún sin pagar, deja en claro sus valores. Todo en el reportaje aparecido en la revista 14 del Ministerio Público Fiscal del Chubut

¿Cuándo y cómo arranca todo?

 Cuando nosotros arrancamos en diciembre de 2017 era un caso que aparecía raro porque no teníamos mucha información, qué era lo que había descubierto el contador José Velázquez con esta empresa que coincidía con la misma dirección de Diego Correa. Era raro, llamó la atención y el  alerta generó el caso y mi intervención.

¿Cuál fue el puntapié inicial, el arranque?

 Yo le digo a los dos policías que estaban conmigo en ese momento, (Nahuelcheo y Núñez) que vayan a Velero Vesta 127 a ver qué es. Nadie sabía qué había, si una empresa, una sede, qué era. Cuando van se encuentran que era una casa de familia, una casa de barrio además cerrada. Y adentro de esa casa, atrás, detrás de una reja se ve una camioneta. Y así sacaron las primeras  fotografías. Suben la patente de esa camioneta y aparece otra empresa: Sepat SRL y ahí aparecen los nombres de los socios y nos damos cuenta que estamos en presencia de algo más grande: aparece Giuliana Mac Leod y Darío Domingo Correa. No sabíamos que era el hermano, pero sospechamos de algún parentesco con Diego Correa. Y Giuliana es la hermana de Natalia, que era la pareja de Correa. Entonces ya aparecieron ahí estas dos empresas.  Empezamos a rastrear los domicilios de las empresas, de Sepat que tenía domicilio en Sarmiento Norte de Trelew, ahí vivía Norma Figueroa. Ahí empiezan a trabajar sobre los facebook, empiezan las relaciones, aparece Sandro Figueroa.

 ¿Ahí es donde el hilo empieza a ser más largo?

 Ahí empieza ya a cobrar cuerpo esta causa que no tenía nada que ver con la emergencia climática (la del famoso “sobre bomba”) sino que aparecía como un grupo de personas haciendo otra cosa, un funcionario relacionado con empresas. ¿Qué hacía la camioneta de Sepat adentro de la casa de Correa que era funcionario?, ¿qué tenía que ver Dual Core con ese domicilio?, ahí se empieza a tirar del hilo y a generar un volumen más grande de la causa. A partir de todas esas relaciones empezamos a identificar, a buscar expedientes relacionados con Dual Core, empiezan a surgir que tenían muchas contrataciones con la Unidad Gobernador, lo mismo con Sepat. Es decir contrataban mucho con la Unidad Gobernador donde Correa era el titular. Así comienza a tomar  cuerpo la causa, porque de mínima teníamos negociaciones incompatibles porque era el mismo funcionario que contrataba consigo mismo. Además era un grupo que se dedicaba a eso,  que había una suerte de sostenimiento en el tiempo y de permanencia. Eran los mismos que participaban de la maniobra. Así empezamos a pensar que podíamos estar en presencia de una asociación ilícita. Y así lo encaramos.

¿A usted lo nombran jefe la Unidad?

Sí, mucho después. Lo tomé como una cosa más. Yo soy muy respetuoso de los criterios de las personas. A mí por más que me hayan dado la Jefatura no iba a imponer ningún tipo de cuestionamiento respecto de cómo trabajar un caso. Por supuesto que la Jefatura conlleva mayor responsabilidad, guiar el trabajo. Con la pena tan dura que obtuvimos, subimos la vara, sumado a la complejidad de la investigación, con muchos delitos, con muchos imputados. Si a nosotros nos iba mal en el juicio, las críticas de la sociedad iban a ser muy fuertes.

Por eso, la sociedad te convierte en héroe o en villano…

Exactamente.

Muchos dicen que 10 años de prisión es muy poco, más 27 millones de pesos  de multa, sacarle todo lo que tienen…

Es verdad. Pero igualmente quiero destacar que es inédito como pena, en delitos de esta naturaleza

¿Se consideran algo así como “héroes” en esto, por haber investigado al poder?

Noooo! A nosotros nos tocó y me tocó en particular. Después se sumó Alex Williams y el resto del equipo. Lo hicimos siempre con compromiso. Cumplimos con nuestro trabajo.

¿Es más complejo investigar esto que un abuso sexual, que un crimen? Porque acá a las pruebas haya que buscarlas dentro del poder.

Es mucho más complejo. En los homicidios el delito aparece evidente, con la autopsia ya te dicen alguien lo mató. Ahí tenés que buscar quien fue. Acá no solamente teníamos que probar que había delito. Porque lo que hicieron las defensas fue decir “acá no hubo delito, hubo una contratación legal, se hizo la obra”. Y ese era el argumento y nosotros tuvimos que demostrar que no, que hubo delito y que el delito lo cometieron ellos.  Este aporte, aquel aporte y gracias al aporte que hicieron se consumó el delito. Eso por un lado. Pero después tiene todo un halo de protección y de cobertura que tiene que ver en general con los delitos de cuello blanco. El delito de cuello blanco tiene los mejores abogados, tienen el poder económico y tienen siempre cobertura, aunque aparezca de manera manifiesta o no se vea un político cubriéndolo. Siempre hay contactos que tienen y el ejemplo más paradigmático es Correa con la comunicación a Buenos Aires sabiendo que nosotros estamos interviniéndole los teléfonos.

¿Y es tan grande la “cobertura” que ustedes nunca pudieron descubrir quién le avisó a Correa?

 No. Ahí hubo siempre una sospecha pero esa sospecha no se pudo confirmar.

¿Tuvieron algo de suerte ustedes?

 Se dio una combinación entre la suerte y la relajación de la impunidad. Porque el que hace una conducta sostenida durante mucho tiempo y ve que no pasa nada, se relaja. Es como una cuestión natural y eso les pasó a ellos.

¿Se creyeron impunes para siempre?

Ellos se consideraban así y ya lo sentían así. Es más: una persona desconfiada o que tiene alguna alerta hace desaparecer no sólo los teléfonos sino los papeles.  También fue importante que formamos un grupo de investigación cerrad. Éramos muy poquitos los que sabíamos toda la información. Estaba Alex (Williams) y yo con los dos policías, nadie más sabía. El Procurador sabía por una cuestión de jerarquía, siempre lo tuvimos al tanto, no de las medidas puntuales pero sabía cómo se avanzaba y nunca se filtró nada. Y siempre nos respaldó. Tampoco ellos imaginaban que iba a haber un procedimiento de las características del realizado en marzo de 2018, con múltiples allanamientos y con múltiples detenciones. Eso también fue un factor sorpresa que les jugó en contra. Llegaron las preventivas que generaron mucho miedo. En mucha gente que vino a contar cosas.

…por miedo a la cárcel fundamentalmente?

Yo creo que sí. Porque no solamente ocurre esto a nivel local. Lo hemos visto a nivel nacional cuando aparece el tema de los cuadernos que se presentaba todos los días un arrepentido distinto. A Correa se lo detuvo en el momento que se iba a tomar un avión con 22.000 euros, es decir se estaba dando a la fuga con un montón de documentación, con computadoras, con teléfonos que los tenía ahí, en el vehículo.

Es decir, ¿él ya estaba avisado?

Él ya estaba avisado de que iba a haber algo. No sabía qué, ni la intensidad de la medida. Fueron múltiples factores que de alguna manera ayudaron a que se produzca el resultado que se produjo. Con todas las detenciones y toda la documentación que se fue encontrando en los distintos lugares. En todos los lugares había algo, inclusive hasta el bolso de Luthers que aparece esa misma tarde. Porque rápidamente nosotros obtuvimos información, fuimos ahí a Marconi, hablaron con el portero, se le tomó una entrevista y el portero dice “sí, acá vino Luthers con un bolso hace dos días y lo dejó en una baulera”.

¿Esas cuestiones tan burdas de llevar una bolsa con plata a la Casa de Gobierno, de llevar a la casa de Luthers, de dejar documentación desparramada por todos lados, ¿tiene que ver con eso de la impunidad?

Yo creo que sí. Y en el apresuramiento después cometieron algunas torpezas, fueron dejando muchos rastros, muchas huellas, que una vez que empezamos a tirar y a reconstruir fueron apareciendo y saliendo a la luz como la casa de la calle Lezana en Playa Unión. Ahí encontramos muchas pruebas.

¿Y en lo personal qué le pasó, qué le dejó?

Siento en general que la Justicia lleva años sin darle respuestas a la gente en muchas cosas. Entonces cuando espontáneamente la gente te dice en la calle “vamos… dale”, te da un poco de motivación para seguir.

¿Lo siente en la calle a esto?

Lo siento en la calle, lo siento con los compañeros. Los compañeros están orgullosos. Hasta el propio Procurador. Porque para él era un desafío también. Nosotros teníamos responsabilidad, pero si nosotros errábamos, le vendíamos carne podrida íbamos a parar todos vaya a saber dónde. Él también iba a ser el responsable, de alguna manera quizás indirecta pero también le iban a saltar las esquirlas, le iban a pegar las esquirlas. Por eso más allá del trabajo, del esfuerzo, de las cosas que hemos tenido que dejar de lado como viajes, horas con mi familia o con amigos no nos pesó. Al contrario trabajamos contagiándonos fuerza y entusiasmo. Aunque veíamos que tipos que ganaban un sueldo invertían un millón de dólares. Y miren: ni Alex ni yo tenemos casa propia. Y todavía no terminamos de pagar nuestros autos.

¿Y eso que le provoca?

No, nada. Yo duermo tranquilo, disfruto de la vida, disfruto de no tener casa, disfruto de tener una camioneta y de tener salud. Y una familia. No me importa más nada. No me interesa tener y creo que a Alex tampoco le interesa tener y por eso creo que esa combinación. Buscamos otra cosa que tiene que ver con los valores. La corrupción no se va a terminar. Yo creo que no se va a terminar porque es como que hay un cáncer que ha penetrado todo el tejido social, pero sí se puede disminuir. Tipos detenidos, tipos que están pagando ahora sus penas, que han sido juzgados con todas las garantías. Empieza a pasar algo.

¿Qué le pasó en la familia?, ¿cómo lo vivió la familia?

Yo soy casado, tengo hijos chiquitos. Tuvimos con custodia policial 6 meses cuando empezó esto. Tanto Alex como yo.

¿Perdió amistades?

Sí. Era socio de Patoruzú. Ya no lo soy. Por ejemplo a Federico Gatica lo saludaba cordialmente, me acercaba, le hablaba “qué hacés, cómo te va? Pero ahora,  todo el entorno de Gatica me saluda por compromiso o no me saludan.

¿Y eso cómo influye en usted?

Confieso que prefiero estar solo. No ha influido. Esta cosa de que el malo sos vos, el fiscal. Es decir “cómo me metiste acá, cómo me perjudicaste a mí, cómo me perjudicaste a la familia, me hiciste perder el estudio”, lo dijo Gatica públicamente, lo dijo en los diarios, lo dijo en la audiencia. Como que nosotros y en particular a mí, porque yo tenía una relación si se quiere de conocido, cómo yo lo puedo traicionar. Esa idea de que “no, entre conocidos, entre bomberos no nos vamos a pisar la manguera”. ¿Yo tengo que hacer la vista gorda si somos conocidos? El culpable soy yo de todo lo que le pasó a él. No tiene autocrítica. No dice “bueno me la mandé”. Que pasa lo contrario cuando uno compara los delitos de cuello blanco con los delitos a los que nosotros siempre estuvimos acostumbrados que son los robos, la gente humilde, la gente que está en barrios periféricos que comete delitos. Esos tipos si se quiere emplear la palabra código, tienen códigos. Me ha pa

sado muchas veces, a mí me saluda en la calle gente que yo he pedido la preventiva y han estados condenados y me saludan en la calle. Tienen códigos en el sentido que ellos saben cuáles son las reglas del juego y cuando les toca perder y así lo dicen, perdieron. “Me tocó perder” y saben cuál es la consecuencia: la cárcel. No tienen rencor, porque asumen y son autocríticos, son conscientes de lo que hacen.

¿Con sinceridad, no se mide con la misma vara al de cuello blanco con el que nombró recién?

De ninguna manera, eso de la igualdad ante la Ley es una cuestión de forma. Inclusive a los jueces a la hora de dictar sentencia. Pero hay funcionarios con compromiso. En “El Embrujo”, el juez (Sergio) Piñeda ha puesto el coraje que tiene que poner, porque más allá que nosotros somos los fiscales, investigamos y pedimos, si el juez no hacía lugar a los nuestros pedidos,  nosotros difícilmente podríamos haber llevado este caso hasta donde llegó. Pero, hay jueces que les tiembla la pera para dictar una preventiva respecto a una persona poderosa. Y se comportan distintos con una persona que viene de un barrio periférico, es así. En todos lados es así. Porque no tienen recursos, porque no tienen poder económico, porque los abogados que contratan generalmente son los abogados públicos. Es más fácil dictar una preventiva contra ellos que contra los de cuello blanco.

Es una crítica ó autocrítica dura la que está haciendo

Pero el sistema funciona así. Lo he visto yo. Las personas con poder no se van a quedar quietas. A  la persona del barrio pobre le tocó perder y perdió.

¿Podrá cambiar con el tiempo?

Yo creo que sí. Ojalá que sí, que se genere. Hay que remarcar lo de la Cámara de Apelaciones integrada por Alejandro De Franco, Adrián Barrios y Luis Luccheli. Dijeron que no a la probation cuando nosotros nos opusimos y eso es un antecedente que pasó por ahí desapercibido porque la Cámara, muchas veces fue criticada de garantista y De Franco ha sido objeto de muchísimas críticas. Sin embargo dijo “vayan a un juicio porque hay corrupción” y me parece que es ahí donde se empieza a mostrar este cambio.

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